miércoles, 3 de noviembre de 2010

Miedo


Todos tenemos miedo, hasta el más fuerte por ejemplo, de no serlo. El más débil del fuerte. Hay quien teme a la oscuridad. Raros casos a la luz. Hay quien tiene miedo de las calles, de la noche, de la ciudad...


A veces me preguntan si no le tengo miedo a nada y pienso qué responder. Porque a veces siento que no le temo a nada y otras veces a todo. Si por mi fuera, el universo me es pequeño, con buenas voluntades, pero viendo el mundo que me rodea, me siento aterrado... a despertar y a no despertar... a la ansiedad que me ahoga en mi prisión... al futuro, y porque no, también al pasado.


Recuerdo días más felices donde el miedo solo me acompañaba, no me asustaba. ¿Que si tengo miedo? No, posiblemente sea capaz de enfrentarme sola a todo. ¿Que si tengo miedo? Sin duda.


Quisiera despertar un día y sólo ver nobleza, buenas acciones, buenas palabras, pureza... Quisiera despertar un día y que alguien me dijera con un sonrisa en los labios que todo lo malo se ha terminado, que el mundo ya no tiene miedo, que la gente es mejor, que se aman, que se quieren, que se respetan, que no se juzgan, que se cuidan... Quisiera despertarme y no ver un mundo perfecto, sólo muchas más mejores personas... Entonces, entonces no tendré miedo...

martes, 2 de noviembre de 2010

El primer y último amor


El primer amor y el último, se sienten igual... eso es lo que se tarda en entender. Nos damos cuenta de esto cuando llega el día en el que eres capaz de ver que, en esa pareja sólo quedas tú y que lo único que te ata a él es la herida que te causó...


... y que haciéndola sangrar, no mantienes vivo su recuerdo, sino el dolor de la pérdida...

jueves, 28 de octubre de 2010

Adiós amor


Te he escrito cartas para no olvidarme de tu nombre y te he pintado con mi torpeza para no olvidar el color de tu pelo rizado. Me despierto entre soledades perpetuas prestadas que se me antojan, apenas lo común o lo banal. Y así, al despertar ansío. 


Ansío aquello que no puedo tener, aquello que ni siquiera debo tener. He recogido en una lista todo aquello que deseo de tu cuerpo y nada es tan importante. Nada sienta precedente en mi vida. No eres tan guapo, ni siquiera me hacen temblar ya tus besos. Ya no se me duermen las manos mientras juegas con mi poco pelo. Ya ni siquiera cierro los ojos y deseo que sigas besando mi cuerpo. Ya no eres lo que necesito.


Sé que es muy triste, porque he barrido todos los recuerdos de tu pecho. Todos los mensajes que dejaste en mi memoria se han quedado a oscuras en una caja de zapatos. Te he dejado en tu puerta todos tus regalos, la mirada repleta de recuerdos, el zurrón roto de las palabras, el ansía al despedirnos, el temblor de manos, los tartamudeos y los besos. Están todos frente a tu puerta. Lo siento, pero hoy ya no necesito verte, fue un placer tenerte y que me tuvieras. Fue hermoso mientras me amaste y me hiciste sentir a tu lado... pero qué digo, si nunca me amaste...


Hoy, que me has abandonado y yo te he abandonado, ya no tiene sentido. Adiós. Se feliz.